Ubuntu, iMac, Bittorrent, Star Trek, neutralidad en la red… esta nota de OMG Ubuntu lo tiene todo, excepto gatitos. Resulta que Wil Wheaton, actor al que muchos conoceréis de Stark Trek: La Nueva Generación o de The Big Bang Theory, entre otros, es todo un defensor de la neutralidad en la red. A continuación tenéis parte de los comentarios del actor traducidos al español.
Una de las cosas que me molestan es que en Hollywood la gente piensa que bittorrent existe con el único propósito de robar cosas. Los esfuerzos por explicar que esto no tiene por qué ser necesariamente cierto son recibidos habitualmente tapándose las orejas mientras gritan “¡No te escucho la la la la la!”
Ayer decidí descargar Ubuntu e instalarlo en mi iMac usando Virtualbox, sólo para ver cómo le va a la distro estos días. (…) Si hubiera descargado la ISO del servidor, me habría llevado casi 1 hora, así que decidí usar el torrent en su lugar. Resulta que fue una buena decisión, porque había terminado en unos 6 minutos.
Estaba tan contento con la velocidad y el rendimiento, que lo dejé compartiendo hasta tener un ratio de 3,0. (…)
Algunos proveedores de Internet están bloqueando todo el tráfico de bittorrent, porque bittorrent se puede utilizar también para piratear. (…) Personalmente, creo que es esto es como cerrar las carreteras porque un ladrón de bancos podría utilizarlas para escapar después de un robo.
Me llama profundamente la atención el fortísimo cambio de percepción que los excesos de la industria del entretenimiento están marcando en distintas personas, y por extensión, en una parte cada vez mayor de la sociedad en su conjunto. En muchos sentidos, la reciente pugna en torno a paquetes legislativos como SOPA, PIPA o ACTA y la subsiguiente reacción de la red podrían significar mucho más que un simple episodio.
Cuatro enlaces muy recientes ordenados cronológicamente que me han parecido fundamentales a la hora de entender este cambio de percepción, por parte de personas importantes en cuanto a su capacidad de influencia en diferentes ámbitos son los siguientes:
Paul Graham, creador de la que seguramente es la incubadora más prestigiosa del mundo, Y Combinator, escribió una carta el pasado 21 de enero con el clarísimo e inequívoco título “Kill Hollywood“, en el que anunciaba su interés por contribuir a acelerar el declive y la muerte de la industria del entretenimiento tal y como la concebimos actualmente.
Sir Tim Berners-Lee, creador de la World Wide Web, ponía las cosas en perspectiva el pasado 18 de abril en una entrevista que ya comentamos aquí, en la que dejaba meridianamente claro que el impacto económico de la red era muchísimo mayor que el de la industria del entretenimiento, y que comprometer el futuro de la primera en función de la segunda no tenía ningún tipo de lógica.
Rick Falkvinge, fundador del Partido Pirata sueco, hablaba ayer en The Guardian en un vídeo de cuatro minutos y medio de la decisiva e importantísima encrucijada que supone el actual sistema de copyright, y de cómo las industrias basadas en el mismo deben ser sacrificadas por el bien de la sociedad y por el establecimiento de una red abierta, libre y democrática.
Tres enlaces de muy recomendable lectura. No son cuatro personas cualquiera, no son cuatro radicales ni cuatro indocumentados. No se trata de odiar a la industria, de despreciar el valor o los puestos de trabajo que genera, o de pretender arruinar a nadie. Nadie odia a los artistas ni a los creadores, más bien al contrario. Pero la industria que los rodea va a morir al tiempo que el proceso de creación se reinventa. Y que eso ocurra - y cuanto antes – va a ser muy, muy bueno. Para todos.
La piratería no es ni un problema, ni algo nuevo y desde que la industria del entretenimiento fue concebida como existe, han intentando acabar con toda innovación y modelo que permite circular, distribuír y reproducir bienes culturales.
Hay muchas formas de piratería (o grados.) Una de las industrias más piratas de hecho es la Gran Industria del Entretenimiento. Para muestra, el caso de Tetris. Tetris fue un proyecto de investigación de Alexey Pajitnov, creado en un instituto de cómputo en Rusia el cual fue copiado a una computadora húngara y pirateado por la empresa Maxwell. La historia pirata de Tetris provocó que eventualmente ELROG, el organismo ruso de propiedad intelectual, les vendiera los derechos, mismos que Maxwell no respeto y trato de lucrar con ellos al revenderlos a otras compañías como Atari y Nintendo a la vez.
El caso se fue a la corte y quienes ganaron fueron ni más ni menos que Nintendo. El creador de Tetris, jamás ha recibido un solo peso de esta innovación, probablemente una de las más significativas del siglo XX.
Les recomiendo ver el documental completo acerca de la historia pirata de Tetris.
Con la piratería no es un problema, me refiero a que como fenómeno cultural e incluso comercial, no es un problema significante ni motivo de alarma. Existen estudios científicos que prueban que en los entornos digitales, de hecho, benefician las ventas. No existe ni un estudio científico (que revele su metodología de forma transparente) que pruebe lo contrario.
Sin embargo la industria esta empeñada en retratar a la piratería cultural como un peligro, ya que no tienen la sensatez de separar entre lo que significa falsificar medicamentos con fines de lucro y lo que significa compartir un mp3 sin fines de lucro. Para ellos no hay diferencia alguna.
Pero la realidad es que cultura tiene características piratas desde hace siglos y de hecho su relación con el derecho de autor tiene que ver con la censura desde los tiempos de Gutenberg. El libro Piracy: The Intellectual Property Wars from Gutenberg to Gates de Adrian Johns aborda precisamente el fenómeno de la piratería desde los libros hasta los archivos digitales. Por favor leanlo un día. Es simplemente increíble.
En el siglo XVIII, el derecho de autor (que no era internacional no estaba armonizado como hoy en día) se utilizaba para centralizar la administración de la censura y controlar el comercio de los libros, utilizando el poder de las casas editoriales autorizadas por el Estado. Existian los inspectores del comercio de libros que autorizaban lo que se podía imprimir y lo que no. El sistema de censura era parte del sistema comercial de las editoriales. Pero la imprenta se expandió fuera de los límites de la legislación francesa donde se practicaba el contrabando de obras literarias autorizadas (y no autorizadas) y que los piratas (que eran burgueses y aristócratas) creían que iban a vender bien en otros países. Había gente dispuesta a pagar por esos libros, ellos solo satisfacían la demanda.
Igual que en el siglo XVIII, los editores que tenían el monopolio legal de las imprentas y tachaban de inmorales a los piratas. De la misma forma que Lucía Etxebarría o el Sr. Quintanilla lo hacen ahora con argumentos simples y poco documentados.
En Steal this film, el documental de The Pirate Bay, el historiador Robert Darnton explica bien la relación entre privilegios de autor y censura, además de la forma en que la piratería jugó un papel fundamental para formar y empoderar lo que se conoce como opinión pública y que más tarde dió paso a la Ilustración.
¿Les suena parecido a nuestros tiempos? Ahora que la velocidad del internet es más rápida que la de las imprentas o las prensas de discos, la gente simplemente intercambia los bienes culturales que le gustan y valora, a pesar y por encima del derecho de autor. La circulación cultural no depende del derecho de autor, nunca ha sido así.
Lo que hoy estamos viviendo, es esta misma guerra en entre dos sistemas de producción que creo la imprenta. La lucha de unos por mantener una economía de la escasez en medio de la abundancia, el hecho de que distribuir/transmitir conocimiento sea considerado por algunos como ilegal y la censura gubernamental para proteger a industrias o aquellos en el poder. Es algo que ya sucedió. El ignorar la historia —como evidentemente todos lo hacemos — solo provoca que ignoremos que la historia se repite y se repetirá.
El punto al final es controlar el flujo de las ideas, y el copyright, es un buen mecanismo para hacerlo. Pero si no funciona, viene la censura. Eso es lo que significan todas las leyes de protección de propiedad intelectual que en realidad son leyes para controlar internet literalmente. Cory Doctorow escribió elaboradamente al respecto hace poco.
A lo que quería llegar con la relación histórica del copyright y la censura, es a que los grupos de lobbying más poderosos que pugnan por controlar el internet y la expresión cultural que circula a través de sus redes — fueron creados para combatir lo mismo que todos repudiamos en estos días: la censura de la expresión.
Más allá de que Hollywood se estableció en una zona donde pudieran romper las patentes de Edison para poder producir películas a costos razonables, la MPAA fue creada literalmente para combatir una ley llamada Código de Producción de Películas, que se promulgó en Estados Unidos en los años treintas, en el siglo pasado. El resultado del activismo de la MPAA fue el surgimiento de los famosos ratings (R, N-17, General), de modo que ellos pudieran censurar su contenido sin intervención del gobierno.
A partir de ahí la MPAA se convirtió en el monstruo que hoy conocemos, una bestia que por igual ha luchado contra la televisión de cable, a la videocasstera — llamándola “El estrangulador de Boston de la Industria” durante el caso de Universal Studios contra Sony en 1982 — a pesar de que después fue el soporte que más ganancias les dio. También impulsaron el DMCA en 1998 que resulto en el endurecimiento de la ley de copyright en el entorno digital, incluyendo la prohibición de copiar el material a otros soportes como el CD y prohibír el ripping.
Ahora van contra el internet, específicamente por su obsesión contr el BitTorrent que permitió descentralizar definitivamente la distribución. También porque los servicios de hosting como Megaupload son más accesibles que sus premiers en todos sentidos, técnica y económicamente. Ellos simplemente no quieren competir.
Desde el año 2000, cuando la industria empezó a atacar la innovación en la red y sus usuarios con demandas millonarias, casualmente a incrementado sus márgenes de ganancia neta en 35 por ciento. Pero aún así, impulsan leyes anti-internet porque simplemente ponen en el mismo saco el file-sharing, el contrabando y la falsificación.
La realidad es que una bolsa de Louis Vuitton falsificada, un medicamento genérico no autorizado (existen varios) y una copia de un archivo digital son muy distintas. Pero las leyes que propone la industria censurarían la infraestructura que permite expresarnos, para según ellos, controlar la distribución de materia y bits por igual.
Por cierto, para entender un poco la relación entre censura y copyright hoy en día, les sugiero visitar la página de Chilling Effects para ver quiénes son los que solicitan que Twitter retire más tuits hasta el momento. Censurar, técnicamente, significa que por ley se suprime una expresión de un medio. Para qué queremos dictadores si tenemos copyright ¿no?
Pero bueno, en realidad solo les quería enseñar esta infografía de Matador Network de donde vienen todo los datos acerca de la evolución de la MPAA desde que fue creada. Véanla con ZOOM.